297 preguntas que determinan las capacidades del deportista

Hace ya unos meses me llamó un amigo y excompañero de profesión, Paco Segarra. Él inició su carrera futbolística en el Barcelona B y después probó suerte en el mundo profesional, pero unas lesiones en la rodilla hicieron que su carrera se truncara. Nunca coincidimos en ningún equipo, pero sí que entablamos cierta amistad debido a que teníamos amigos futbolistas comunes. Paco es una persona con gran capacidad de trabajo y que perfectamente podría representar el exfutbolista adaptado en plenitud a la sociedad, emprendedor y con una sensibilidad especial hacia todo aquello que sucede en el día a día. La antítesis de aquel estereotipo de exfutbolista, infeliz más allá de sus años de plenitud deportiva.

La llamada era en referencia a una herramienta que había decidido traer a Europa y que estaba gozando de un éxito brutal en Estados Unidos. Paco sigue muy de cerca mis artículos y conocedor de mi sensibilidad creyó que me podría interesar. Se trata de un test de personalidad específicamente adaptado al deporte que permite medir las características y el potencial psicológico de los deportistas profesionales, denominado PRO 3. Quedamos para comer y me habló largo y tendido sobre el asunto.

Todo empezó hace más de 30 años cuando Eric Simmons, ex profesional de fútbol americano, crea el test de PRO 3 para evaluar el rendimiento mental de los jugadores durante el NFL Scouting Combine. Tuvo que retirarse por una lesión de rodilla y los Giants cumpliendo la legalidad le financiaron los estudios de psicología. Los Giants querían gozar de una herramienta para escoger de manera acertada sus opciones en los Drafts.

El sistema se desarrolla a través de 297 preguntas y así los resultados de PRO 3 miden e interpretan 31 factores de personalidad aplicados al deporte, tales como la inteligencia deportiva, el potencial de desarrollo, la competitividad o la estabilidad emocional. El análisis se realiza dividiendo los 31 factores en tres áreas de la vida de un deportista; en el campo (la competición), en el vestuario (la socialización), fuera del campo (la capacitación).

Me llamó la atención que el deporte profesional americano estuviera obsesionado por estas cuestiones en el 82, cuando aquí estábamos todavía con Naranjito. Fue un auténtico mazazo que me mostró cuan retrasada está nuestra sociedad.

El test se construyó a través de esas preguntas y generando una base de datos inmensa con deportistas ya reconocidos. Actualmente este test ya lo han pasados más de 14.000 deportistas que han formado parte de la NFL, NBA, NHL y la MLB. Y claro, a raíz de toda esa evolución los resultados del test ya no sólo se aplican al reconocimiento de los potenciales de cada jugador, sino para algo tan importante como es el desarrollo del deportista e incluso, que ya es maravilloso, a saber escoger las decisiones tácticas de los NY Giants y los Chicago Bears.

Porque al final en la vida del deportista existen miles de cuestiones que se nos escapan. Un tenista puede tener un extraordinario saque y en cambio no tener mentalidad para jugar en la red y lo normal es que lo confundamos. Existen jugadores de baloncesto que se desarrollan muy jóvenes y enseguida les sitúan de pívot, cuando su mentalidad puede ser de base. En España, un jugador grande a edades tempranas lo ponen de central. En cambio en Inglaterra, de delantero centro. Y, mentalmente, ¿qué es lo que quiere ser? Nadie entendía que un chaval con potencial extraordinario no acabara por explotar. Lo premiaban subiendo al primer equipo con retornos al segundo. El test demostró que si algo necesitaba en su día a día era estabilidad. El director deportivo cuando lo leyó, miró enseguida a su segundo y exclamó: “¡La estamos cagando!”

Conocido este test no entendería que ninguna entidad deportiva que aspire a lo mejor no gozara de esta herramienta o una similar. Por favor, un poquito de modernidad.


 

 

Fuente: Joan Galobart – La Vanguardia